
Este año la peregrinación en familia nos ha llevado del 20 al 25 de julio hasta nuestra madre la «Reina de la Paz» en Medjugorje.
Antes de llegar a Medjugorje hemos podido disfrutar de una visita guiada por Dubrovnik visitando su característica ciudad antigua rodeada de enormes murallas de piedra donde se encuentra la iglesia de San Blas




Un año más dejamos la rutina a un lado para ponernos en manos de la Gospa. Cruzamos fronteras no solo físicamente, sino con el corazón abierto, listos para vivir unos días intensos de fe, oración y sobre todo, mucha unión familiar.
Padres, madres, hijos… cada uno lleva en su mochila intenciones diferentes, pero a todos nos une el mismo deseo: encontrar la paz que solo Dios puede dar en este rincón del cielo en la tierra.
Participamos en el Via Crucis subiendo al Monte Podbrdo (la Colina de las Apariciones). Tres horas de ascenso, piedra a piedra, rezando en cada estación y ofreciendo cada paso por nuestras intenciones y por nuestras familias y el esfuerzo ha valido cada segundo: al llegar a la cima, junto a la Cruz donde se ha manifestado la Reina de la Paz, nos ha recibido una paz imposible de explicar con palabras.
Y por la noche asistimos a la vigilia de Adoración con el Santísimo sintiéndonos parte de una gran familia de familias. Un momento muy especial, emotivo, envolvente y muy significativo para todos los participantes.






Hemos hemos celebrado también un aniversario muy especial, el de Jorge y Natalia y su aniversario de bodas en este lugar tan sagrado. ¡Qué regalo tan grande renovar el amor y el «sí, quiero» a los pies de la Virgen! Que la Reina de la Paz siga guiando vuestro matrimonio muchos años más.

Después visitamos la ciudad de Mostar, una preciosa ciudad del sur de Bosnia-Herzegovina, a orillas del río Neretva, conocida por el emblemático puente medieval de un solo arco y para finalizar nuestro viaje acabamos en la preciosa ciudad de Split famosa por sus playas y por el complejo con forma de fortaleza de su centro, el Palacio de Diocleciano


Han sido unos días entrañables vividos en familia disfrutando de los distintos parajes y compartiendo juegos, risas y momentos de oración que nos han hecho sentirnos unidos en la Fé haciéndola vida y visible



